2009: Buenas intenciones, pocos resultados

Se ha ido otro año sin hechos significativos para la integración a nivel  Sudamericano. Mas allá de las buenas intenciones en los discursos de los Jefes de Estado, lo concreto es que no hay capacidad institucional que pueda eficazmente cumplir con los objetivos enunciados. Esto es comprobable y cada vez mas evidente. En el Mercosur, si tomamos las declaraciones presidenciales de los últimos diez años, veremos que solo un puñado de objetivos han podido cumplirse, pareciera ser que hay serios inconvenientes en conservar un mínimo de credibilidad y eficacia en el logro de los objetivos regionales. El 2010 es un año significativo, por distintas razones, tanto para Argentina como para Brasil; tal vez sea un momento indicado para que los dos socios que por su tamaño debieran ejercer un liderazgo regional proactivo, puedan definir una agenda política anual que revierta la tendencia de una integración con cada vez menos compromisos efectivos y concretos. El liderazgo de los distintos actores políticos en asociatividad con otros actores relevantes de la integración, será determinante para definir si el instrumento de integración más perfeccionado con que cuenta la región, el Mercosur, se profundiza y optimiza o bien termina diluyéndose en una nueva desilusión integracionista.  2010 debiera convertirse en un año donde se pueda desarrollar un diseño realista de la integración en Sudamérica para los próximos 20 años. Cuando hablamos de realismo nos referimos a la voluntad política concreta de los Estados en la generación de políticas públicas regionales. Esto es, hasta donde los Estados están dispuestos a generar un espacio de soberanía compartida con otros estados para la conformación de un espacio común. Eso es la integración efectiva, todo lo demás son buenos intentos de cooperación, pero hay que saber diferenciar. Es momento de generar claridad y no seguir alimentando confusión, si los objetivos trazados en el Tratado de Asunción son posibles de ser cumplidos, o bien si es momento de reformularlos y redefinir estrategias. Mercosur precisa poner blanco sobre negro y fortalecer su devaluada credibilidad.  En el siglo XXI, la dinámica de la globalización demanda otros tiempos, otros ritmos y otros compromisos, hacemos votos para que se esté a la altura.

Otras noticias…